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¿TRANS SE NACE O SE HACE?

4 jul
3 min de lectura

Antes que nada, aclarar que no tengo ningún estudio sobre el género o conocimiento de los campos relacionados con él. Aún así, me abro a pensar en voz alta, por si hacerlo abriera la puerta al debate, a compartirse y validarse, lo que me importa mucho más que la exposición de mi desconocimiento.


Durante mucho tiempo me pregunté por qué era trans. Me quedé atrapade en esa duda, como si no conocer la respuesta dejara abierta la posibilidad de pensar que quizá no lo era. Además, no lograba vincular mi inconformidad actual con las «señales» del pasado. De algún modo, parecía que ser trans fuera consecuencia de cuestionar y deconstruir el género, como si se tratara de una decisión.


También tengo un hermano trans no binario. Lo que en su momento me permitió reconocerme fue, precisamente, una razón de mucho peso para cuestionarme más adelante. Reconocerme como persona no binaria fue, internamente, muy confuso y, en cierta forma, invalidante.


Si entendemos el género como un constructo social, puede resultar tentador no asociarlo a una naturaleza de nacimiento. Y, si lo entendemos a través del relato del sistema colonial, capitalista y cisheteronormativo —como un sistema sexo-género—, podríamos concluir que ser cis es algo con lo que se nace y que estar fuera de ello es un error que hay que corregir.

Mi respuesta, por tanto, y de manera absolutamente subjetiva, sería que ser trans es una consecuencia de un sistema que encajona el género.


Zoe García, en su maravilloso libro Cuerpos al margen: Alianzas intersex y trans, finaliza una explicación sobre el espectro intersex en la que, según mi interpretación, concluye que la diferencia entre las personas intersex y otras realidades con algunos ejes de opresión similares a los de las personas trans, depende de dónde las sitúa el sistema médico y estructural "Así pues, ser intersex es una categoría social impuesta por aquellas estructuras de poder que organizan los cuerpos en clasificaciones binarias (...)”.


Esto me hizo pensar dos cosas. Una es algo que muchas personas trans ya sabemos: no seríamos trans sin género y, por tanto, hay algo extraño o incluso absurdo en la idea de «nacer trans». Por otra parte, con el añadido esquema del libro (pg.58), empecé a imaginar el origen del género no como el espectro que ya entendía que era, sino como una barra más rígida —sé que es lo contrario; dadme tiempo—.



En mi imaginario, el hombre y la mujer serían los extremos de una línea, con infinitas expresiones e identidades entre ambos puntos. Aunque antes lo entendía de una manera más fluida, esta imagen me llevó a pensar que cada persona nace de forma natural en un punto de esa barra infinita. Después se añaden la socialización, las experiencias vitales y el contexto, como si fuéramos colores hechos de mezclas. Sin embargo, cuando el sistema nos encajona en uno de los extremos, puede manifestarse la experiencia trans. Del mismo modo, una persona puede manifestarse cis sin haber pasado por procesos de cuestionamiento o deconstrucción del género. Todas ellas, estarían más o menos lejos de los extremos, pero no en ellos.


Por eso creo que, de forma natural, puede haber personas más cercanas a lo que socialmente se interpreta como expresión de hombre o de mujer, aunque su socialización posterior sea distinta. Pero, al haber tantos «colores», esa proporción sería mínima dentro de la diversidad si se permitiera e interpretara de otra manera.


En resumen: trans te hace el sistema; trans te hacen el contexto, la deconstrucción, la capacidad de pensar y, por tanto, de pensarte desde los márgenes.


Otro debate que tuve conmigo misme fue este: si soy trans como consecuencia de todo ello, ¿por qué no podría revertirlo voluntariamente? Ahora entiendo que lo aprendido y las vivencias que te han moldeado identitariamente pueden reinterpretarse, cuestionarse y deconstruirse, pero no borrarse.


Y entonces te pregunto: ¿ser gay, lesbiana, bisexual o pansexual se nace o se hace?


Pau Segarra

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